Flexibilidad cognitiva (III); o cómo cambiar de opinión ante los demás

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Cómo cambiar de opinión ante los demás

Esta es la tercera y última entrega de esta serie de entradas. Hemos estado hablando de una de las manifestaciones más evidentes de lo que en psicología llamamos flexibilidad cognitiva: el cambio de opiniones. En la primera hablamos de por qué cambiar de opinión puede ser algo bueno. En la segunda sobre por qué suele costar tanto hacerlo. Y hoy vamos a señalar algunos consejos sobre cómo hacerlo. Buscaremos formas que nos hagan crecer, que nos hagan algo más sabios y que nos aporten salud. ¿Es acaso eso posible?

¿Es bello cambiar de opinión?

Ya lo señalamos en la primera entrada: “Cambiar de opinión es algo bello y que demuestra una excelente habilidad personal en quien lo reconoce”. En Psicólogos MyP pensamos que la belleza tiene que ver con encontrar el sentido a las cosas. Así, visto de esta manera, cambiar de opinión pueder ser una bonita manera de expresar asombro, cursiosidad o capacidad de innovación. Visto así, cambiar de opinión tiene sentido cuando es ejemplo de la cualidad del ser humano de maravillarse. También cuando demuestra humildad, capacidad de aprendizaje o amor por el conocimiento. ¿Cómo podríamos, de otro modo, darnos cuenta de los cambios que tiene la vida, la sociedad o uno mismo, si siempre opinamos igual?

Te proponemos que cuando tengas que desdecirte a tí mismo delante de los demás, confirmar que estabas equivocado o que has cambiado de opinión, recuerdes que estás demostrando tu apertura de mente. Pero también tu capacidad para encontrar soluciones diferentes. Estás siendo capaz de adaptarte a los cambios. Que si no lo hicieras, la innovación sería imposible. No podrías aportar soluciones a problemas complejos. No podrías desarrollar nuevas ideas.

Valentía para cambiar de opinión

Por lo tanto, necesitamos aprender nuevos conocimientos para ser creativos. Y para adaptarnos a los cambios necesitamos dudar de nuestros pensamientos. Al menos dejarlos a un lado por un tiempo. ¿No demuestra esto que la realidad es algo cambiante? ¿Que no podemos aseguar que conocemos todos los detalles? ¿Que no lo sabemos todo? Se trata de entender que cambiar de opinión tiene sentido y sabiduría cuando estamos aceptando que nuestro conocimiento está limitado. Por definición. Cuando asumimos que no podemos asegurar al 100% la verdad de algo. Entonces es cuando cambiar de opinión puede ser algo bonito. Expresa que estamos aceptando las limitaciones de lo que podemos conocer.

Pero aceptar que no lo sabemos todo delante de otras personas no parace fácil. Imagínate hacerlo delante tu jefe o compañeros y compañeras de trabajo. O delante de nuestra pareja o nuestros amigos y amigas. Expresar que estabamos equicovados o equivocadas ante los demás no es tarea fácil. Requiere valentía. Valentía para aceptar en público que somos seres limitados. Todas y todos. Que el ser humano es falible por naturaleza. Vamos, que tienes derecho a equivocarte. ¡Y a cambiar de opinión! Y quien diga lo contrario estará hablando desde la ceguera, la ignorancia o desde el exceso de perfección.

Tres guías básicas para cambiar de opinión

Recuerda estos tres simples consejos. Cuando cambies de opinión ante los demás te serán de mucha utilidad:

  1. Es sabio cambiar de opinión: demuestra que eres capaz de guiarte por hechos y no por creencias. Si los hechos demuestran que tu pensamiento era falso, cambias. Utilizas tu flexibilidad, curiosidad e innovación para alcanzar mejores resultados. A nivel personal, laboral o vital.
  2. Demuestra humildad y valentía: no puedes estar siempre en la razón. Tampoco conocer algo a la perfección. Ni adivinar desde un principio cómo van a cambiar las cosas. Y esto mismo le ocurre a todo el mundo. Aceptarlo y admitirlo cuando es necesario es un acto de coraje.
  3. Estás en tu derecho de cambiar de opinión: nadie tiene derecho a exigirte que no cambies. También tienes derecho a equivocarte. Aunque a veces se critique, no olvides que el derecho a cambiar de opinión te pertenece.

Esperamos que estos consejos os sirvan de ayuda e inspiración. Por que cambiar de opinión puede ser algo bello si sabes cómo hacerlo. Recuerda que si quieres saber más o aprender, desarrollar y consolidar estas u otras habilidades, en Psicólogos MyP estamos a tu disposición.

 

 

 

 

Taller: el Estrés del Revés, juzga diferente para vencer.

Taller para el estrés laboral (y otros)

En esta entrada presentamos un nuevo taller. Está diseñado para combatir el estrés laboral y lo hemos preparado especialmente para vosotras y para vosotros desde psicólogosmyp. Si te decides a participar, apenderás trucos fundamentales para reducir las emociones negativas asociadas no sólo al estrés laboral, sino al estrés que aparezca en muchas otras situaciones. Vas a poder conocer una forma completamente diferente de combatir el estrés. Tendrás la oportunidad de aprovechar tus propias experiencias y las del grupo. Y además, con la ayuda de nuestra atención individualizada, podrás obtener tus propias soluciones.

Combatiendo el estrés de una manera diferente

Nos han hablado siempre de este fénomeno de la misma manera. En el “Estrés del Revés, juzga diferente para vencer” vamos a utilizar otro punto de vista. No os vamos a desvelar aquí todo, pero sí queremos que os hagáis una idea de qué vamos a hacer. Se trata de experimentar en vuestra propia piel, como ya lo han hecho otras personas (por ejemplo en los talleres de ansiedad o de “pensar bien”), el poder que todas y todos tenemos para sentirnos mejor. Trabajaremos en grupo, pero también de forma individual. Aprenderemos de nuestras propias experiencias en un ambiente de confianza.

Seremos un grupo de hasta 6 participantes. Después de romper un poco el hielo empezaremos a elegir qué cosas concretas nos gustaría cambiar. Veremos qué es eso de lo que hemos venido a hablar en este día. Vamos a compartir experiencias personales de trabajo y encontrar, entre todas y todos, las fortalezas que ya tenemos, aunque estén algo ocultas a nuestros ojos. Consumiremos, entre risas, descansos y un buen trabajo personal, tres horas de nuestras vidas.

¿Qué os ofrecemos?

Una experiencia diferente. Una ayuda concreta, definida y personalizada para reducir el estrés laboral que tengáis en vuestras vidas. Además del trabajo grupal, os entregaremos material para el trabajo invidual. Tendréis así la oportunidad de aprender ayudando a los demás tanto como recibiendo ayuda. Y de llevárosla a casa. Pero no acaba aquí. En psicólogosmyp nos gusta asegurarnos, en la medida de lo posible, que lo que aquí se aprende, no se queda aquí. Por eso volveremos a ponernos en contacto, a los seis meses y vía email, para preguntaros qué tal lleváis el estrés y que recibáis orientación nueva si así lo deseáis. Es nuestra forma de realizar un seguimiento de los beneficios adquiridos.

Ah, y no se nos olvida recordaros que para el descanso que haremos a mitad del taller, os ofrecemos un pequeño aperitivo, altamente recomendable.

Para inscribirse, escribir a manueltaboadaguijarro@gmail.com y os enviaremos un correo electrónico con toda la información.

Flexibilidad cognitiva (II); o por qué cuesta cambiar de opinión

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Flexibilidad cognitiva (II);

o por qué cuesta cambiar de opinión

Hoy vamos a recordar uno de nuestros antiguos post (Flexibilidad cognitiva I). Continuaremos profundizando en este fenómeno psicológico que es la formación de opiniones y creencias. Os ofrecemos las claves de por qué suele costar tanto cambiar de opinión. ¿Preparada? ¿Preparado?

Cuando cambiar de opinión es algo desconocido

Para entender mejor por qué cuesta cambiar de opinión, lo primero que puedes hacer es observarte a ti mismo. Para unos segundos. Respira hondo. Y pregúntate: ¿cuando he mantenido una opinión a pesar de que en mi fuero interno sabía que no era cierta? Seguramente haya sido en momentos de discusión, en grupo o con otra persona. A veces incluso discutiendo contigo misma o contigo mismo.

Es mucho más fácil encontrar ejemplos cuando lo buscamos en otras personas. Veamos el caso de los políticos. Les vemos defendiendo sus ideas a capa y espada en los medios de comunicación, pero pocas veces admitiendo que se han equivocado. Mucho menos que han cambiado de opinión.

En psicólogosmyp no queremos ponértelo tan fácil. Piensa en ti misma o en ti mismo. ¿Te has dado cuenta alguna vez de haber cambiado de opinión demasiado tarde, o incluso de no haberlo admitido nunca en público? ¿Tal vez te has dado cuenta de que debías haber cambiado de opinión cuando ya era tarde para mantener aquella amistad, evitar esa discusión o herir a aquella persona? ¿Que había “señales” claras de que estabas equivocado pero a pesar de ello mantuviste tu opinión? Cuando cambiar de opinión es algo desconocido para alguien… ¿qué adjetivo usamos para describirle? Cuando a ti, lector o lectora, te cuesta cambiar de opinión a pesar de reconocer que ya no tienes razón, ¿cómo te sientes?

 

¿Por qué cuesta tanto cambiar de opinión?

Existen varios factores que influyen en las resistencias que todos tenemos a cambiar de opinión. Esperamos que encontréis vuestras propias explicaciones:

  • Vergüenza: esta emoción tiene una utilidad clara. Crear la imagen pública que deseamos. Cambiar de opinión en público es vergonzoso en parte porque nos han enseñado que somos nuestras opiniones y que somos algo estático. Sin embargo el pensamiento es sólo una parte de nuestra existencia y nuestra existencia es siempre, por definición, cambiante.
  • Aprendizaje por imitación: ya lo decía Nelson Mandela, el mejor ejemplo que puedes dar es a través de tu propio comportamiento. Y es que aprendemos por lo que hacen las personas que admiramos. Desde que somos niños. Así formamos nuestras opiniones, independientemente de si tiene o no tiene razón aquella persona a la que imitamos o si sus razones han dejado de ser válidas. Cambiar sería tomar conciencia de que nuestros referentes tal vez estén equivocados.
  • Creernos menos inteligentes: en las sociedades de mercado y tecnológicas la opinión está sobrevalorada. Si una vez opinaste algo y ahora opinas lo contrario significa que antes estabas equivocado y que puedes volver a equivocarte, y eso demuestra tu déficit de “inteligencia”. Sin embargo la auténtica inteligencia está en basar nuestras opiniones en hechos y en reconocer que no podemos tener acceso a todos los hechos sobre un mismo fenómeno. Es decir, inteligencia es reconocer que existen límites a aquello que podemos conocer. Es tener la humildad para aceptar que es imposible conocer la verdad última de las realidades que experimentamos.
  • Creer que nuestras creencias se han formado con mucho tiempo y con muchos datos: es habitual escucharnos hablando de algo como si lo conociéramos desde hace siglos. “Siempre lo he visto”. “Nunca pasa eso”. “Nada de esto cambia”. El cerebro humano es una herramienta muy útil, pero tanto que a veces se pasa… Es decir, para nuestro “sistema operativo” es más útil ver un suceso repetido algunas veces y opinar que se repite siempre. También es más eficiente recordarlo así, como algo estable y antiguo, aunque en realidad no lo sea. Si bien ayuda a no plantearnos la vida de forma constante, es un sesgo cognitivo que nos puede llevar a cometer errores. Y tampoco ayuda a cambiar de opinión.
  • Interpretamos según nos conviene: sí, eso me temo. Pensamos la vida según nuestros intereses. Si algo no encaja en nuestras creencias, lo cambiamos. Siendo precisos: nos fijamos sólo en aquellos sucesos que nos dan la razón. Por ejemplo, si creo que los huesos duelen cuando cambia el tiempo (algo que ha sido negado científicamente), me fijaré en el dolor cuando cambia el tiempo. Pero no recordaré todas las demás veces que sí dolió, y mucho menos recordaré las numerosas veces que dolieron cuando la presión, humedad y temperatura ambiental eran estables.

 

Si quieres profundizar más en el mundo de las opiniones, los pensamientos y en cómo utilizarlos para crear salud, no lo dudes: consúltanos aquí, acude a alguno de nuestros talleres o sigue este hilo. Pronto os contaremos el final deseado en nuestro siguiente post: cómo cambiar de opinión. ¡No te lo pierdas!

ALCANZAR NUESTROS OBJETIVOS PERSONALES Y PROFESIONALES

CÓMO ALCANZAR NUESTROS OBJETIVOS PERSONALES O PROFESIONALES

Vamos a ofreceros unos consejos claros y fáciles sobre cómo alcanzar vuestros objetivos más deseados. Para conseguir nuestros sueños perimero debemos pensar bien. Habrá unos sueños que puedan alcanzarse, seguro que sí, pero otros que no, dalo por seguro también. Ahora sí, sin aprender cómo establecer objetivos y sin trabajar duro, ¡olvídate!

¿Cómo establecer objetivos?

  1. Dejándolos por escrito: sí, escribirlos, a mano o en ordenador, ayuda a pensar mejor.
  2. Escribirlos en infinitivo mejor: por ejemplo “abrir un negocio”, no “venderé al por menor”.
  3. Dividiéndolos en partes y más partes, hasta que puedan hacerse en una sóla semana: por ejemplo, si partimos de cero, para “abrir un negocio” podríamos dividir en “comprar los productos”, luego en “llevar registro de comprar y ventas”, luego en “realizar el registro de compras y ventas, luego “aprender a usar el excell”, luego “hacer un curso de excell”, luego “encontrar un curso de excel”, luego “buscar un curso de excel”, etc.
    • Otro ejemplo: para “abrir un negocio” podríamos dividir en “comprar los productos”, luego en “ahorrar el dinero necesario”, luego en “ahorrar un poco al mes”, luego en “ahorrar un poco esta semana” (¡truco!).
  4. Importantísimo es hacer objetivos lo más concreto que podamos: por ejemplo en lugar de “ahorrar el dinero necesario”, sería “ahorrar 54.500 €”, o en vez de “ahorrar un poco esta semana”, “ahorrar 7€ esta semana” (¡truco!: ahorrar 7€ es más posible que ahorrar 54.500€!!)

¿Cómo alcanzar nuestros objetivos?

¡Soñando! Pero de forma realista, utilizando el optimismo inteligente. ¿Cómo? Ahí van los trucos:

  1. Ponte grandes objetivos con los que te sientas sereno, orgulloso y de los que podrías hablar a cualquier persona sin avergonzarte.
  2. Pon a examen los pequeños objetivos cada 3 meses: si no los consigues, cambia a objetivos más fáciles, sé realista.
  3. Pon a examen los grandes objetivos cada año: si no los alcanzas, cambia a objetivos más fáciles, sé realista.
  4. Esfuérzate todos los días en los pequeños objetivos. Sin esfuerzo no hay recompensa.

¡Ponte a TRABAJAR en tus sueños, haz realidad tus objetivos, usa el optimismo inteligente!

SOLICÍTANOS ORIENTACIÓN o sigue leyendo un poco más aquí

autoestima

La importancia de la autoestima (I)

Uno de los motivos por los que más personas acuden a nuestra consulta es debido a la baja autoestima o falta de confianza. Cuando vienen a terapia no piensan que ésta pueda ser la base de gran parte de su malestar, pero enseguida llegamos a la conclusión de que se trata de esta falta de aprecio hacia uno mismo lo que nos causa gran parte de nuestros por problemas.

Por eso hemos creado una serie de entradas relacionadas con la autoestima que nos pueden servir para aclarar algunos conceptos.

¿Qué es la autoestima?

Tener una baja autoestima nos va a afectar en diferentes áreas de nuestra vida: en el trabajo, con la pareja, con nuestro círculo de amistades, etc. No le damos importancia, pero tener una buena autoestima puede marcar la diferencia en nuestra vida y en nuestra felicidad.

Pero, ¿qué es exactamente la autoestima? Aunque existen diferentes definiciones y formas de entenderla, consiste básicamente en la valoración que cada uno hacemos de nosotros mismos. Y comienza a desarrollarse desde que somos pequeños. Por las diferentes experiencias que vivimos, lo que nos dicen las personas de nuestro alrededor, lo que aprendemos, etc. Y esta valoración la hacemos de diferentes ámbitos de nuestra persona: el aspecto físico, la personalidad, las cualidades, las destrezas, etc.

Por tanto, la autoestima depende del concepto que cada uno tenemos de nosotros mismos. Y por regla general no estamos acostumbrados a que ese concepto sea demasiado bueno. En terapia solemos hacer un ejercicio que habitualmente provoca la misma reacción. Pedimos a la persona que haga dos listados. Uno con sus cualidades negativas o aspectos de su persona que le gustaría mejorar. Y otra con sus atributos y cualidades positivas. La respuesta suele ser la misma “el primer listado es muy fácil de hacer, se me ocurren muchas cosas que poner. Pero para el segundo…no se me ocurre nada”. ¿Cómo es esto posible? ¿Es que sólo tenemos cosas negativas? Sin embargo, las mismas personas que dicen lo anterior, reconocen que tienen una pareja que les quiere, una familia que les aprecia, varios buenos amigos que harían cualquier cosa por ellos… así que algo bueno tienen que tener ¿no?

¿Por qué no nos valoramos?

Como comentábamos antes, una parte importante de nuestra autoestima viene determinada por las experiencias que vivimos. Pero también por lo que nos enseñan desde pequeños. A la mayoría nos han dicho que tenemos que ser humildes. Y eso lo confundimos con no darnos importancia, con no valorar las cosas que hacemos bien. Pensamos que valorarse es sinónimo de soberbia. Y además solemos añadir que las cosas hay que hacerlas bien y punto, y si no mejor no hacerlas. Por lo que cuando algo no se nos da bien caemos en una frustración importante. Y cuando lo hacemos bien no nos alegramos ni nos premiamos por ello. Y eso sin contar con el continuo malestar o nerviosismo por la posible valoración que los demás hagan de nosotros.

Es habitual también dejar en manos de los demás lo que valemos como personas. Sin darnos cuenta de que la principal persona que se tiene que valorar y querer somos nosotros mismos. Y de nuevo, solemos hacer precisamente lo contrario. Somos nuestros principales críticos y a veces nos convertimos en nuestros peores enemigos. Nos exigimos y nos decimos cosas que jamás se nos ocurriría decir a un ser querido… entonces ¿por qué somos tan duros con nosotros mismos?

¿Con qué se asocia la baja autoestima?

Como comentaba al principio, la falta de confianza en uno mismo suele estar asociada a muchos de los problemas por los que las personas acuden a nuestra consulta. Por ejemplo, detrás de una depresión o de la ansiedad puede estar la falta de autoestima. Porque creemos que todo lo malo que nos pasa es por nuestra culpa, porque tenemos algún defecto que nos impide estar a la altura. O dejamos escapar oportunidades por miedo a enfrentarnos a ellas porque anticipamos el fracaso.

Pero además puede generar otra serie de problemas, como por ejemplo caer en relaciones de dependencia. Tener una excesiva necesidad de aprobación por parte de los demás que dirige nuestras emociones y nuestro comportamiento. Aislamiento, sentimientos de inutilidad, abandono de uno mismo, etc.

Por eso es vital tener una autoestima sana para sacar el mayor partido a nuestro día a día y poder disfrutar de todo lo que nos rodea. Así como ser un seguro que nos facilitará enfrentarnos a las situaciones difíciles que se nos presenten.

En las próximas entradas hablaremos sobre cómo detectar si nuestra autoestima está en forma y qué mecanismos podemos poner en marcha para confiar más en nosotros mismos 🙂

ansiedad

[Taller] Qué es la ansiedad y cómo controlarla

Talleres en Psicólogos MyP

En Psicólogos MyP además de la terapia individual y de pareja, realizamos talleres para adquirir herramientas que se puedan aplicar en el día a día.

Hoy os queremos presentar uno de esos talleres: Qué es la ansiedad y cómo controlarla.

La ansiedad sana es positiva. Nos ayuda a enfrentarnos a la vida. A las situaciones que requieran una reacción por nuestra parte. Pero la ansiedad malsana nos puede provocar muchísimo malestar. Tal como dice el psicólogo Albert Ellis: “La ansiedad sana o la inquietud por las cosas preservan la vida y conducen a buenos resultados; la ansiedad malsana, en cambio, puede acabar fácilmente con uno”.

En nuestro día a día nos enfrentamos a muchas situaciones que nos provocan malestar. Puede ser un problema en el trabajo, una discusión de pareja, un malentendido familiar, el no poder llegar a todas las cosas que nos exigimos… El resultado es que podemos sentir malestar físico y emocional. Dolor de cabeza, dolor de espalda, molestias intestinales, insomnio…. Y sentimientos de tristeza, notar que se nos escapa la situación de las manos o que no podemos enfrentarnos a ella.

En qué consiste este taller

Lo que pretendemos con este taller es desarrollar herramientas y técnicas que nos permitan conocer para así poder controlar la ansiedad malsana. Veremos como no es tanto la situación lo que nos provoca el malestar sino la forma en la que la interpretamos y nos enfrentamos a ella. Y veremos también cómo está en nuestras manos aprender a controlarla. Y sobre todo aprender a enfrentarnos con la mejor actitud y preparación posible a esas situaciones cotidianas que nos ponen a prueba.

Metodología

La metodología que utilizamos es participativa. Con grupos reducidos de un máximo de seis personas para facilitar el diálogo y la reflexión. Entregamos a cada participante un dosier con toda la información y los temas tratados en el taller.

Los realizamos en nuetra consulta de Madrid capital que se encuentra en la Calle Fernández de la Hoz 33, piso 3º centro izquierda (metro Iglesia, Gregorio Marañón o Rubén Darío). Tiene una duración de 2 horas y 30 minutos y el coste es de 20 € que se abonan en efectivo el mismo día del taller.

Habitualmente realizamos nuestro taller un domingo al mes. Iremos informando a través de nuestra página de Facebook del día y el horario de cada mes. Pero si quieres más información y/o reservar plaza puedes enviar un mail a pgarciapsicologa@gmail.com o enviarnos un mensaje a través de nuestra página de Facebook.

No dudes en escribirnnos si necesitas más información o cualquier aclaración 🙂

“Los miedos irrealistas y malsanos llevan a fuertes estados de ansiedad cuando, realmente, no hay peligro alguno o es de muy poca magnitud”. Albert Ellis.

Flexibilidad cognitiva (I); o por qué cambiar de opinión

 

 

Flexibilidad cognitiva (I);

o por qué cambiar de opinión

 

 

Cambiar de opinión es algo bello y que demuestra una excelente habilidad personal en quien lo reconoce. Sin embargo no creo que muchos lectores estén de acuerdo con esta afirmación.

 

Claro que no nos referimos a actitudes de poco compromiso, a cambiarnos la chaqueta según nos convenga o a una falta de valores. Cuando afirmamos que cambiar de opinión es algo bello no nos referimos a nada de esto, sino a todo lo contrario. Cambiar de opinión es algo bello cuando demuestra valentía y humildad. Cambiar de opinión es algo bello cuando demuestra inteligencia y sabiduría.

 

Las opiniones se construyen muy fácilmente. ¿Quién no ha dado la razón a un amigo sobre asuntos que desconocemos? ¿Quién no ha votado a un partido político sin leerse su programa? Expresamos opiniones y llegamos a conclusiones de forma rápida, y eso no ayuda muchísimo a sentirnos parte de un grupo y a tomar decisiones útiles para nuestro día a día, sin tener que dudar de todo o todos.

 

Sin embargo cuando somos capaces de cambiar de opinión demostramos que entendemos que la verdad es algo relativo que tiene que ver más con el punto de vista que con el mundo real. Suena a relativismo y caos, pero no nos referimos a los valores, al bien y el mal. En todas las culturas humanas se reconocen las virtudes de la sabiduría, el bien común, la valentía, la transcendencia, la justicia y la templanza. No, no nos referimos a eso. Nos referimos a cuando nos enfrascamos en discusiones sobre cómo es el mundo o los demás, a cuando odiamos, nos enfadamos o gritamos. Cuántas relaciones de pareja se rompen por no saber cambiar de opinión. Cuánta prepotencia hay en creerse las propias opiniones como verdades absolutas. Quien no duda de sus propias creencias cree en parte ser capaz de alcanzar la verdad última, como lo haría un dios.

 

Aunque pueda sonar contradictorio, mantener una misma opinión pase lo que pase demuestra debilidad. Es debilidad por no ser capaz de tolerar la incertidumbre, por no ser capaz de aceptar que la vida nos pone en situaciones novedosas que no tienen por qué ser iguales a las cosas que ya hemos vivido. Pensar que la opinión que tenemos formada sobre algo puede explicarlo siempre por el simple hecho de haberlo experimentado durante unos días, meses, años… es un acto de inocencia tremenda. La existencia humana es un nanosegundo comparado con la existencia de la vida. Y la existencia de una persona en particular… casi no puede contarse como para afirmar que lo que opinemos de las cosas serán verdades infinitas. ¡Que tremenda osadía!

 

Mantener una misma opinión pase lo que pase demuestra intolerancia. Los extranjeros son…, las mujeres son…, lo africanos, indios, policías, curas, presidentes, empleados, jefes, niños, profesores, presos, funcionarios, pobres, ricos, delincuentes, médicos, loqueros, astronautas o extraterrestres son… Sobregeneralizaciones. Cada vez que expresamos una opinión sobre un grupo de personas cometemos graves errores, demostramos poca inteligencia y sabiduría y demostramos actitudes intolerantes si no aceptamos que podemos cambiar de opinión. Vuelve a ser tremendamente inocente pensar que todos los africanos son iguales, que todas las mujeres son iguales, que todas las personas son iguales… Es muy poco inteligente pensar que podemos alcanzar verdades absolutas sobre algo tan complejo como la vida de las personas.

 

Mantener una misma opinión pase lo que pase ahoga la creatividad y es peligroso. Los habitantes de la Isla de Pascua creían que para obtener comida para todos tenían que construir más tótems de piedra hasta que su isla no pudo sostener a todos sus habitantes. Eran demasiados y el clima cambió. Nada tenía que ver con los tótems. Si perdemos la creatividad por temor a cambiar de opinión podemos ahogarnos en un vaso de agua o pelear contra fantasmas. Es peligroso también para nuestra salud mental. Si no cambiamos de opinión sobre nosotros mismos, los demás o el mundo cuando nosotros mismos, los demás y el mundo cambian… compartiremos nuestra existencia con la rabia, la ansiedad o la depresión.

 

Así es que os proponemos cambiar de opinión. Pero por favor, no cambiemos de opinión en todo a la vez ni cambiemos de opinión de forma constante. El equilibrio sabio y ecuánime, saludable y útil, se encuentra en no tener miedo a cambiar de opinión si vemos que lo necesitamos. La idea es crear opiniones firmes que poder cambiar si encontramos motivos de peso para hacerlo. Te aconsejamos a que formes opiniones críticas y basadas todo lo posible en hechos, no en interpretaciones, pero siempre siendo consciente de que no serán nunca verdades absolutas. Serán siempre opiniones hasta que tu salud, la vida o tus seres queridos demuestren lo contrario. Haz de tu capacidad para cambiar de opinión en público y en privado, un acto de valentía y humildad.

CREENCIAS IRRACIONALES Parte III: ¿cómo superarlas?

 

Hemos hablado en las anteriores entradas sobre qué son y cuáles son las creencias irracionales que Albert Ellis descubrió en su trabajo terapéutico. Hemos señalado lo irracional y lo poco saludable. Nos hemos fijado en cómo esas creencias pueden generar sufrimiento. Sin embargo, Ellis pronto se dio cuenta que no sólo se trata de identificar los aspectos negativos de nuestras creencias, sino en cultivar los positivos. Que no es suficiente con tomar conciencia de nuestra capacidad para auto-odiarnos o para decidir que hay cosas que no soportamos. Que es necesario también tomar conciencia de nuestra capacidad para autogobernar nuestras emociones, para construir momentos de alegría y satisfacción. Que cuando la vida nos pone a prueba podemos decidir qué hacer. Que cuando el dolor aparece tenemos una gran capacidad para gobernarlo y dirigirlo a algo que nos haga crecer, con el tiempo. Aunque no podamos nunca deshacernos del dolor, todas y todos poseemos grandes fortalezas. Cuando las conocemos y las cultivamos, el dolor se soporta, las pérdidas se sobrellevan, los fracasos enseñan.

 

Es por esto, por señalar nuestras potencialidades y aquello que podemos cultivar, aquello que sí es racional y que sí es sano, que para finalizar nuestra serie de entradas en honor a Abert Ellis os vamos a enumerar lo que el profesor llamó “supuestos básicos de salud psicológica”. ¡Esperamos que os sirvan de inspiración!

 

  1. Auto-interés: atender primero nuestras necesidades e intereses como regla general de comportamiento. En nuestra cultura esto se confunde vulgarmente con el egoísmo, que en realidad se define como: “inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás”.
  2. Interés social: la vida nos ha hecho seres sociales y las emociones y el equilibrio personal no se alcanzan en soledad, esto no podemos cambiarlo. Es una necesidad básica encontrar, establecer y mantener vínculos, confianza e intimidad con las personas que deseemos, con la cantidad de personas que deseemos y con los grupos con los que nos identifiquemos.
  3. Auto-dirección: ser capaces de tomar nuestras propias decisiones asumiendo la responsabilidad de las mismas mientras somos capaces de cooperar con los demás, no necesitando de demasiada ayuda para hacerlo.
  4. Alta tolerancia a la frustración: ser capaz de aceptar nuestros errores y los de los demás, ser capaz de aceptar que las cosas no ocurran como deseemos, siendo capaces de identificar aquello que no podemos cambiar para dejarlo pasar, pero siendo a su vez capaces de identificar aquello de lo que sí tenemos responsabilidad para ejercer el cambio.
  5. Flexibilidad: la gran capacidad de no juzgar con demasiada vehemencia ni nuestras propias opiniones o creencias ni las de los demás, ser capaces de no ofendernos por las ideas diferentes de otros ni dictar sentencia sobre ellas.
  6. Aceptar la incertidumbre: encontrando el sentido a la palabra probabilidad. Esto es, aceptar el hecho de que nada es seguro, de que nada sabemos con certeza y que esto puede ser una característica apasionante de la vida, pero a la vez que podemos esperar cierta estabilidad sin exigir que se de.
  7. Compromiso en búsquedas creativas: es la forma que el profesor Ellis llamaba a la transcendencia; al hecho de involucrarnos con algo que va más allá de nosotros mismos, en busca de un bien común o un proyecto más grande que nuestra propia individualidad.
  8. Pensamiento científico (y emocionalidad científica): desarrollar la capacidad de vivir lo más cercano a la realidad, pensando en hechos y sintiendo en necesidades, no en deseos. Se trata de evitar fantasías e impulsos vacíos de contenido pero llenos de sufrimiento.
  9. Auto-aceptación: la capacidad de tratarnos con amabilidad, de no juzgarnos, de renunciar a compararnos con los demás porque has elegido aceptarte incondicionalmente, como haría la persona más cercana a ti.
  10. Asumir riesgos: diferenciando entre la temeridad y la capacidad de aceptar derrotas, involucrándose de esta manera en los proyectos y las acciones que realmente desean para su crecimiento personal.
  11. Hedonismo en sentido amplio: definido como “actitud vital basada en la búsqueda de placer” se trata de centrar los esfuerzos en disfrutar de la vida en el momento en que vivimos pero también en el futuro, una actitud de búsqueda de la felicidad, evitando regocijarse en el dolor.
  12. No utopismo: aceptar que no podemos alcanzar todas nuestras metas ni evitar el dolor, tolerando pérdidas y frustraciones, sin esperar alcanzar la perfección, sino aquello que esté en tus manos.
  13. Auto-responsabilidad con el malestar emocional: la gran capacidad para no exigir al mundo ni a los demás nuestra propia felicidad, no “echar balones fuera”, sino comprender que contamos con una inmensa capacidad y altísima responsabilidad en nuestro propio bienestar.

CREENCIAS IRRACIONALES Parte II: cuáles son

 

 

En la entrada anterior honramos al profesor Albert Ellis explicando una de sus grandes aportaciones a la ciencia de la salud mental: el papel fundamental que las creencias, las ideas, las cogniciones, en definitiva, nuestro pensamiento, tiene en la creación de bienestar psicológico (o malestar). Hoy vamos a recordar cuáles son esas creencias irracionales que propuso Ellis entre los años 60 y 70 del siglo pasado:

  1. Es una necesidad extrema para el ser humano adulto ser amado y aprobado por prácticamente cada persona significativa de su comunidad.
  2. Para considerarse a uno mismo valioso se debe ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles.
  3. Cierta clase de gente es vil, malvada e infame y deben ser seriamente culpabilizados y castigados por su maldad.
  4. Es tremendo y catastrófico el hecho de que las cosas no vayan por el camino que a uno le gustaría que fuesen.
  5. La desgracia humana se origina por causas extremas y la gente tiene poca capacidad, o ninguna, de controlar sus penas y perturbaciones.
  6. Si algo puede ser peligroso o terrible se deberá sentir inquieto por ello, deberá pensar constantemente en la posibilidad de que esto ocurra.
  7. Es más fácil evitar que afrontar ciertas responsabilidades y dificultades de la vida
  8. Se debe depender de los demás y se necesita alguien en quien confiar.
  9. La historia pasada de uno es un determinante decisivo de la conducta actual, y que algo que ocurrió alguna vez y le conmocionó debe seguir afectándole indefinidamente.
  10. Uno debe sentirse muy preocupado por los problemas y las perturbaciones de los demás.
  11. Invariablemente existe una solución precisa correcta y perfecta para los problemas humanos, y que si esa solución perfecta no se encuentra, sobreviene la catástrofe.

 

El profesor solía reducir estas 11 creencias irracionales a 4:

  • “Sentirse horrible” (cuando horrible nos sentiríamos ante situaciones extremas que atentan contra nuestra supervivencia).
  • “No poder soportar algo” (cuando algo que no soportamos nos mataría, siguiendo el significado de la expresión no soportar algo).
  • “La necesidad-perturbadora” (cuando confundimos necesidad con deseo o incomodidad, cuando algo necesario, en término estricto, sólo es aquello que permite nuestra supervivencia biológica: necesario para la vida, no para la comodidad propia).
  • “La autocondena” (cuando por un error, fallo o imperfección nos juzgamos de forma global y condenatoria, por ejemplo, hablándonos a nosotros mismos de formas similares a ¡eres estúpido!… porque te has equivocado).

 

Recordando la entrada anterior, si creemos que ser criticado por… por ejemplo, un compañero de trabajo, es algo horrible, nos sentiremos atacados, menospreciados, humillados…, sentiremos esta realidad de forma extrema y nos comportaremos de forma congruentes con estas creencias y estos sentimientos: nos defenderemos del extremo agravio que para nosotros ha significado la crítica o nos esconderemos para no sufrir las tremendas consecuencias de una posible nueva critica.

 

¿Te reconoces sintiéndote de forma horrible por algo que te haya pasado que no haya puesto tu vida en peligro o que no haya supuesto una amenaza extrema y constante? ¿Reconoces sentirte en extremo abatida o abatido por pensar que no puedes soportar algo? ¿Observas una sensación de impotencia cuando no alcanzas algo que piensas que necesitas de verdad? ¿Cuándo ha sido la última vez que te has insultado, condenado o atacado en tus propios pensamientos?

 

¿Reconoces que un signo de rechazo de alguien viene acompañado de una fuerte emoción? ¿Te reconoces criticándote en extremo y sintiéndote horrible al cometer algún fallo? ¿Sientes odio hacia alguna persona y deseos de que reciba un daño “justo”? ¿Te derrumbas cuando tus planes no se cumplen? ¿Reconoces alguna situación en la que hayas pensado que nada puedes hacer para cambiar tu estado de ánimo?

 

Si es así es posible que tus sentimientos estén siendo originados por tus creencias. Repasa de nuevo las creencias que Ellis encontró en la sociedad en la que vivió, hace ya más medio siglo, y observa si pueden seguir existiendo en la sociedad actual, si pueden estar influyendo en las emociones negativas que hoy experimentes. Y entonces, critica aquellas creencias que no se ajusten a la realidad, que sean extremas, que pongan tu felicidad en manos de terceras personas. ¡Piensa sano para sentirte mejor!

CREENCIAS IRRACIONALES Parte I: qué son

 

En esta serie de entradas vamos a recordar al profesor Albert Ellis. En honor a este académico y profesional incansable de la psicoterapia y la sexología, fallecido en 2007, recordaremos unas de sus aportaciones más útiles para la humanidad: el papel que algunas creencias tienen para generar sufrimiento y cómo superarlo. ¿Qué son y cómo funcionan?

El diccionario define creencia como “firme asentimiento y conformidad con algo”. Esto es, estar de acuerdo con X ideas y comportarnos según nos dictan. Todos contamos con creencias, ya sean religiosas, sobre la humanidad, sobre nosotros mismos, sobre el mundo, la vida y así un largo etcétera. Si nos preguntan si estamos de acuerdo en que el mundo es peligroso, unos responderán afirmativamente, otros negativamente y otros depende… ¿Qué es para ti la vida, los demás, el bien o el mal? Esto son las creencias en términos psicológicos. Ideas sobre cómo son las cosas que nos pasan, las cosas que observamos. Es importante detenernos en este punto:

¿Qué diferencia existe ente las creencias y la realidad?

La creencia es una guía sobre de la realidad y sobre cómo debemos comportarnos, pero una guía construida por la sociedad en la que vivimos. Pongamos algunos ejemplos históricos. Por ejemplo, ¿qué pensaban los antiguos sobre el clima o las cosechas, qué se pensaba en la edad media sobre el planeta Tierra, que opinamos hoy sobre la esclavitud? Rápidamente nos damos cuenta que creencias sobre el bien o el mal, las causas de lo que nos ocurre o la realidad misma, cambian. ¿Y no es cierto que según cambian las creencias cambia nuestro comportamiento? Hoy no se nos ocurre degollar una cabra para asegurarnos que llueva mañana. Miramos el parte metereológico.

Las creencias por tanto no forman parte de la realidad, sino de nuestra mente. Son construcciones mentales que nos ayudan a vivir en la realidad. Todos necesitamos creer en algo, de lo contrario no sabríamos cómo actuar, cómo pensar, cómo vivir… Entonces quedémonos por ahora con una idea: las creencias son nuestras guías para la vida, pero no son necesariamente reales.

¿Cómo funcionan?

De un manera muy curiosa… y poderosa también. Pongamos otro ejemplo, muy cotidiano. Te propongo que respondas a esta pregunta ahora: ¿a qué te dedicas?

Y te propongo que respondas a la misma pregunta después de leer esto:

Un escritor francés viajó de peregrinaje a una de las catedrales más impresionantes del mundo católico. Por el camino se encontró a un grupo de trabajadores picando piedra. Observa a uno de ellos, muy enfadado y decide preguntarle qué está haciendo. Este le responde malhumorado: “¡pues ya lo ves, picando piedra, cansado, sediento, déjame en paz!”. Sigue por su camino y se encuentra otro trabajador picando piedra también. Decide preguntarle lo mismo y este responde con desgana: “pues aquí, ya ves, picando piedra, una forma como cualquier otra de ganarse la vida”. Sin embargo, decide preguntarle a un tercer trabajador y ante la misma pregunta, responde: “pues ya lo ves, picando piedra, ¡construyendo una catedral!”.

Te animo a que reformules la respuesta a la pregunta: ¿a qué te dedicas?

Y así funcionan las creencias. Influyen poderosamente en cómo sentimos la realidad y en cómo hacemos las cosas. No cambian la realidad, pero sí cambian cómo la experimentamos. Y lo hacen de una manera clara: dirigen nuestra atención a aquellas “partes” de la realidad que, de forma más o menos inconsciente, damos importancia y guían nuestro comportamiento de acuerdo a ellas.

En la próxima entrada enumeraremos las ideas irracionales que Albert Ellis encontró tras tratar a numerosos clientes y tras realizar un análisis de la sociedad en el momento histórico en que las publicó. Comprobaremos si las creencias que entonces propuso, son válidas hoy…