CREENCIAS IRRACIONALES Parte I: qué son

 

En esta serie de entradas vamos a recordar al profesor Albert Ellis. En honor a este académico y profesional incansable de la psicoterapia y la sexología, fallecido en 2007, recordaremos unas de sus aportaciones más útiles para la humanidad: el papel que algunas creencias tienen para generar sufrimiento y cómo superarlo. ¿Qué son y cómo funcionan?

El diccionario define creencia como “firme asentimiento y conformidad con algo”. Esto es, estar de acuerdo con X ideas y comportarnos según nos dictan. Todos contamos con creencias, ya sean religiosas, sobre la humanidad, sobre nosotros mismos, sobre el mundo, la vida y así un largo etcétera. Si nos preguntan si estamos de acuerdo en que el mundo es peligroso, unos responderán afirmativamente, otros negativamente y otros depende… ¿Qué es para ti la vida, los demás, el bien o el mal? Esto son las creencias en términos psicológicos. Ideas sobre cómo son las cosas que nos pasan, las cosas que observamos. Es importante detenernos en este punto:

¿Qué diferencia existe ente las creencias y la realidad?

La creencia es una guía sobre de la realidad y sobre cómo debemos comportarnos, pero una guía construida por la sociedad en la que vivimos. Pongamos algunos ejemplos históricos. Por ejemplo, ¿qué pensaban los antiguos sobre el clima o las cosechas, qué se pensaba en la edad media sobre el planeta Tierra, que opinamos hoy sobre la esclavitud? Rápidamente nos damos cuenta que creencias sobre el bien o el mal, las causas de lo que nos ocurre o la realidad misma, cambian. ¿Y no es cierto que según cambian las creencias cambia nuestro comportamiento? Hoy no se nos ocurre degollar una cabra para asegurarnos que llueva mañana. Miramos el parte metereológico.

Las creencias por tanto no forman parte de la realidad, sino de nuestra mente. Son construcciones mentales que nos ayudan a vivir en la realidad. Todos necesitamos creer en algo, de lo contrario no sabríamos cómo actuar, cómo pensar, cómo vivir… Entonces quedémonos por ahora con una idea: las creencias son nuestras guías para la vida, pero no son necesariamente reales.

¿Cómo funcionan?

De un manera muy curiosa… y poderosa también. Pongamos otro ejemplo, muy cotidiano. Te propongo que respondas a esta pregunta ahora: ¿a qué te dedicas?

Y te propongo que respondas a la misma pregunta después de leer esto:

Un escritor francés viajó de peregrinaje a una de las catedrales más impresionantes del mundo católico. Por el camino se encontró a un grupo de trabajadores picando piedra. Observa a uno de ellos, muy enfadado y decide preguntarle qué está haciendo. Este le responde malhumorado: “¡pues ya lo ves, picando piedra, cansado, sediento, déjame en paz!”. Sigue por su camino y se encuentra otro trabajador picando piedra también. Decide preguntarle lo mismo y este responde con desgana: “pues aquí, ya ves, picando piedra, una forma como cualquier otra de ganarse la vida”. Sin embargo, decide preguntarle a un tercer trabajador y ante la misma pregunta, responde: “pues ya lo ves, picando piedra, ¡construyendo una catedral!”.

Te animo a que reformules la respuesta a la pregunta: ¿a qué te dedicas?

Y así funcionan las creencias. Influyen poderosamente en cómo sentimos la realidad y en cómo hacemos las cosas. No cambian la realidad, pero sí cambian cómo la experimentamos. Y lo hacen de una manera clara: dirigen nuestra atención a aquellas “partes” de la realidad que, de forma más o menos inconsciente, damos importancia y guían nuestro comportamiento de acuerdo a ellas.

En la próxima entrada enumeraremos las ideas irracionales que Albert Ellis encontró tras tratar a numerosos clientes y tras realizar un análisis de la sociedad en el momento histórico en que las publicó. Comprobaremos si las creencias que entonces propuso, son válidas hoy…

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