El paradigma cognitivo en psicología o una filosofía de vida

 

Empezaré por el principio más común de los principios: la filosofía griega. Y el primer personaje es: Epictetco. Epicteto fue un esclavo que alcanzó la libertad en el siglo I después de Cristo. Dicen que su amo un día le sorprendió sonriendo cuando éste le azotaba con fuerza por haber derramado un cántaro. A la pregunta del amo, “¿por qué sonríes?” el esclavo respondió “porque no hay poder de dañar más allá del daño que pueda hacerme yo mismo”. A lo mejor se entiende mejor lo que quería este esclavo-filósofo con una de las frases célebres que dicen que dijo: “No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz”. Este filósofo alcanzó gran fama en vida. Algunos dicen que más fama incluso que Platón. También el cristianismo tiene sus referencias al paradigma cognitivo, en concreto en los evangelios gnosticos y sus desarrollos modernos. Ellos hablan de la “doctrina de la salvación por medio del conocimiento”. Pero es que, curiosamente, también el budismo hace referencias al cognitivismo al afirmar que “todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”. Hablar de paradigma cognitivo no es hablar, en realidad, de algo nuevo. Son conocimientos y saberes humanos que siempre han estado ahí, de alguna manera. La diferencia es que ha día de hoy se ha podido demostrar con estudios científicos que la terapia cognitiva tiene beneficios objetivos para la salud de las personas.

 

Más cerca de nuestros tiempos, la ciencia y la filosofía más moderna trataron de comprobar la veracidad de estos presupuestos. Fueron una serie de estudiosos los que se pusieron a trabajar sobre ello: Hume, Locke, Descartes, Kant… Chomsky en el siglo pasado… hasta que llegó el ordenador. Con este aparato los científicos se dieron cuenta de que los seres humanos procesamos la información que recibimos por los sentidos de una forma muy… humana. Y como buenos humanos que somos, cometemos errores. Llegaron a la conclusión de que algunas formas de interpretar la realidad son dañinas para el alma. Algunas hacen sufrir sin tener motivos objetivos para el sufrimiento. ¿Alguna vez ha sentido usted tristeza o angustia sin un motivo aparente? El paradigma cognitivo tiene una explicación: o bien ha interpretado alguna información de forma errónea, o se ha involucrado en exceso en pensamientos poco útiles o en pensamientos poco saludables. O tal vez haya ocurrido un poco de todo esto, sin que se haya dado cuenta.

 

La filosofía de vida que propone el paradigma cognitivo se puede resumir en estas frases:

 

No es aquello que nos irrita, entristece o asusta la causa de nuestro malestar,

sino cómo interpretamos esos sucesos lo que causa sufrimiento.

Es por tanto, el pensamiento, la causa última de todo estado de ánimo.

 

El paradigma cognitivo propone un estilo de vida, o más bien, un estilo de pensamiento. A continuación voy a explicar el método que nos propone, muy sencillo a simple vista: 1º conócete a ti mismo; 2º piensa sano y 3º se flexible.

 

Conócete a ti mismo

 

Sin este primer paso, poco podemos hacer para generar nuestro propio bienestar a pesar de las circunstancias que nos rodeen. Según el cognitivismo, y según otras muchas corrientes filosóficas y psicológicas, es en la infancia y la adolescencia cuando forjamos nuestra personalidad. Es en ese periodo cuando aprendemos, casi sin saber que lo estamos aprendiendo, lo que el mundo es y debe ser, lo que somos nosotros y nosotras mismas y lo que debemos ser. Son nuestras experiencias tempranas las que configuran nuestro esquema básico de pensamiento. Sin embargo, luego, la vida puede rompernos esos esquemas… y es ahí cuando empieza el sufrimiento. Para conocer nuestros esquemas más profundos, ese sentido de vida que muchas veces anhelamos conocer sin llegar a hacerlo… el paradigma cognitivo propone una tarea: entrenarse en registrar los pensamientos automáticos que surgen espontáneamente de nuestra mente. Son muchos los pensamientos que nos asaltan. Muchos son muy silenciosos y, sin entrenamiento, no nos damos cuenta de que están ahí, vagando por nuestra mente. Por eso muchas veces no nos explicamos por qué nos sentimos así o de esa otra manera… Cuando acallamos nuestra mente, cuando dejamos de enfrascarnos en pensamientos, lecturas, series de televisión o conversaciones sin contenido… podemos empezar a escuchar a nuestra mente. Si estamos atentos, podemos “cazar” esos pensamientos automáticos. Lo que el paradigma cognitivo propone es seguir una especie de diario para registrar los pensamientos automáticos. Cuando llevemos un buen tiempo haciéndolo, podremos reconocer patrones. Bien es cierto que no es fácil acceder al contenido más profundo de nuestra mente, pero si tenemos registrados nuestros pensamientos automáticos, podremos inducir nuestro esquema básico. Para unos serán del tipo: “debo tener éxito en todo lo que hago para ser una persona válida” si se da cuenta de que en su diario aparecen sistemáticamente frases del tipo “soy un desastre”, “no valgo para nada”, “debo hacerlo mejor…”. Para otros puede ser: “debo asegurar mi seguridad en todo momento para poder ser una persona válida”. En este caso puede cazar pensamientos automáticos del tipo: “cuidado que no sabes qué pasará”, “¿y si me hace daño?”, “¡no seas loco!”. Quizá otros tengan como esquema básico el siguiente: “si no cuento con alguien que me ame profundamente, no podré ser una persona válida” y tal vez sus pensamientos automáticos tengan la siguiente forma: “no puedo vivir sin ella”, “¡qué será de mi!”, “soy despreciable…”. Lo cierto es que cada persona es un mundo y cada persona tiene su propio esquema básico, su propio sentido de vida aprendido durante sus primeros años de existencia. Lo que propone el paradigma cognitivo es conocer este esquema básico para poder aprender uno nuevo, más sano, realista y práctico.

 

2 Piensa sano

 

Una vez tengamos el conocimiento de nuestros pensamientos automáticos, podemos empezar a cuestionarlos. Hay tres dimensiones en los pensamientos según el paradigma cognitivo: la objetividad, la utilidad y la adaptabilidad. La mayoría de las veces pensaremos sobre las cosas del siguiente modo: es bueno o es malo. Es una cualidad humana. Nos pasamos la vida, sin saberlo muchas veces, evaluando como placentero / displacentero, bueno / malo, agradable / desagradable… y a veces calificamos las cosas como terribles, imposibles, inaguantables… Este es el momento de aplicar la objetividad. Una objetividad ecuánime, sabia… Me refiero a que muchas veces nuestro cerebro hace trucos que nos hacen sufrir (en psicología los llamamos sesgos cognitivos). Son trucos para amoldar la realidad a aquellos esquemas básicos que aprendimos en el pasado y de los que ya hemos hablado. Por ejemplo, si tiendo a creer, en lo más profundo de mi mismo, que las personas son peligrosas y que debemos tener cuidado de que no nos hagan daño, nuestro cerebro tomará la información que nos llegue de los demás, de sus palabras y gestos, y la interpretará como fuente de riesgo o peligro, sesgando dicha información de la siguiente manera: si X persona hace un gesto de desagrado, tenderemos a pensar que “nos está poniendo mala cara”, cuando a lo mejor sólo ha tenido un mal día o está pensando en cosas desagradables en ese momento. ¿Por qué hemos pensado en un primer momento que su cara de desagrado estaba dirigida a nosotros o nosotras? Y en el caso de que sea verdad que está dirigido a nosotros o nosotras, ¿es terrible o inaguantable que esa persona piense que somos desagradables? La ecuanimidad, la objetividad, la sensatez y sabiduría a la hora de interpretar la realidad es otro de los ejercicios que propone el paradigma cognitivo para alcanzar la capacidad de generar nuestro propio bienestar… independientemente del gesto de hastío de las personas que nos rodeen, por ejemplo. Lo que acabo de señalar es un tipo de sesgo, llamado sesgo de personalización, donde tendemos a interpretar la información de terceras personas como si fuera dirigida hacia nosotros o nosotras. Es sólo uno de los muchos sesgos que nuestro cerebro emplea para confirmar sus esquemas básicos.

 

Además de pensar con objetividad, el paradigma cognitivo propone pensar con utilidad. Un ejemplo muy claro de este tipo de pensamiento es la preocupación. Si tenemos como esquema básico (inconsciente, profundo) “debo cuidar en todo momento de mi gente para ser una persona válida”, podemos tender a pensar que debemos preocuparnos por los demás para ser buenas personas. Me explico. Preocuparse por los demás está bien, demuestra humanidad. Pero sería más conveniente ocuparnos de los demás. Por eso, si nos sentimos afligidos, dolidos o incluso atrapados por el sufrimiento de nuestros seres queridos… dejaremos de ocuparnos… Quiero decir que a veces surgen pensamientos automáticos como este: “no soporto imaginarme cómo mi hijo está sufriendo por X enfermedad”, pensamientos que nos pueden llevar a una depresión, y esta a no ser capaces de aportar salud a nuestros seres queridos. Un pensamiento útil no es dejarnos llevar por la preocupación de forma constante, sino utilizar la preocupación para aquello que merece la pena: buscar soluciones. Estas se encuentran más o menos rápido: puedo hacer un regalo, ir a visitar a alguien, ofrecer mi hombro, enseñar algo… Después de haber pensado en posibles soluciones o alternativas… se acabó la utilidad de la preocupación. Lo siguiente es ocuparse: compro el regalo y lo doy, X día tengo tiempo y entonces voy a hacer una visita, cuando esté con él o ella, le ofrezco consuelo, ahora puedo enseñar o aconsejar. Entre lo que pensamos y las acciones que llevamos a cabo, hay un espacio en donde la preocupación es… inútil. Cuando empezamos a creer, a cambiar nuestro esquema básico, sobre lo que la preocupación significa… dejamos de perder el tiempo y de ganar sufrimiento gratuito.

 

Finalmente nos encontramos con la adaptabilidad. Esto es, tomar conciencia de que hay pensamientos automáticos que no son saludables porque generan emociones negativas que no nos enseñan nada. Por ejemplo, podemos llegar a la conclusión objetiva de que la muerte de un ser muy querido es algo muy doloroso, y por lo tanto nuestro sufrimiento (en este caso nuestro dolor), es natural y sano, pues si no lloramos su pérdida no podremos despedirnos y continuar nuestra vida sin esa persona. Nótese que no digo que la muerte de un ser muy querido es insoportable. Digo que es muy dolorosa. Este juicio es más ecuánime, justo, objetivo. Si no lo soportáramos… nos llevaría a la muerte. A veces esto pasa cuando creemos en lo más profundo de nuestro ser, cuando así lo hemos aprendido, cuando nuestro esquema básico así lo piensa… En ese caso se llamaría depresión y estaríamos hablando de un problema de salud mental grave, que puede llevar a quitarnos la vida y que tiene un tratamiento eficaz si se acude a un profesional cualificado. Pero lo cierto es que la muerte forma parte de la vida y si bien es dolorosa, estamos diseñados para tolerarla. Para lo que no estamos diseñados es para vivir sin agua, comida o temperaturas extremas… Es por ello que, si bien muchas situaciones de la vida son objetivamente dolorosas, todas (excepto el riesgo físico de muerte) son tolerables. Por estos motivos, la adaptabilidad que propone el paradigma cognitivo a la hora de pensar nos indica lo siguiente: si un pensamiento automático o unas creencias básicas generan emociones displacenteras de forma excesivamente intensa y durante un periodo excesivamente prolongado… no son pensamientos sanos. Conste decir que las emociones negativas no son emociones insanas. El dolor es sano. El sufrimiento no. El cognitivismo propone tomar conciencia sobre este aspecto para sospechar de los pensamientos o creencias que nos hagan interpretar algún aspecto de la realidad de forma extrema y por tanto generar emociones extremas. Si en algún momento siente extremo dolor emocional durante un tiempo extremadamente largo… pregúntese que pensamientos o interpretaciones de la realidad están siendo poco objetivos, poco útiles y poco sanos.

 

3º Se flexible

 

Recuerdo un anuncio de televisión en donde un famoso actor decía: “be water my friend”: se agua amigo mío. Hay muchas formas de etiquetar partes de esta cualidad humana de ser como el agua: resiliencia, flexibilidad cognitiva, fortaleza psicológica… Se trata en parte de un punto de vista que podríamos llamar filosófico. O epistemológico. Esta palabra extraña se refiere al estudio de aquello que podemos conocer y se usa mucho en filosofía de la ciencia. Muchos pensadores se han hecho esta pregunta: ¿podemos alcanzar la verdad de las cosas? La conclusión no ha sido muy satisfactoria: podemos conocer la verdad de algunas cosas sólo en la medida en que aprendemos cómo conocer las cosas… Un poco extraña esta conclusión. Viene a decir que a día de conocemos muchas cosas de la vida (sólo hay que ver los avances tecnológicos) pero que hay muchas otras que no, y que hay cosas de la vida que por el momento, y a lo mejor para siempre, nunca podremos conocer. ¿Esto cómo se aplica a la filosofía de vida que propone el paradigma cognitivo? Muy sencillo: a veces es sano creer firmemente en algo, pero es más sano aún estar dispuesto a cambiar tus creencias si se aprenden cosas nuevas. Un ejemplo: “siempre he sido así y ahora no voy a cambiar”. Claro está que nadie deja de ser él o ella mismo por mucho que cambien aspectos de su vida o creencias que antes eran muy importantes en su vida. Somos siempre la misma persona en sí misma, pero creer que estamos en posesión de alguna verdad inmutable puede ser perjudicial. Una actitud crítica pero a la par abierta al cambio. Eso propone el paradigma cognitivo. Podemos estar extremadamente convencidos de que no podemos vivir sin nuestros padres, por ejemplo. Sin embargo un día marcharán, y si no cambiamos nuestras creencias… dejaremos de estar en contacto con la realidad… viviremos en la imaginación de un pasado… y dejaremos de vivir la vida. Ser agua significa estar en contacto con al realidad, con sus aristas y sus llanos, con sus subidas y bajadas, sin dejarnos atrapar por pensamientos rígidos.

 

Espero que esta explicación del estilo de vida que propone el paradigma cognitivo se pueda entender fácilmente. Propone una filosofía de la vida abierta a la vida, pegada a ella, para lo bueno y para lo malo. Para vivir el presente con alegría de vivir, a pesar del dolor (que no sufrimiento) que pueda ocasionar por momentos. No se trata en absoluto de ser positivos u optimistas. Se trata de ser realistas y ecuánimes, tomando conciencia de que son nuestros pensamientos la fuente de nuestras emociones.

 

Si tienes dudas sobre cómo afrontar algún desafío de la vida, si sientes alguna emoción que te aflige sin dejarte ser libre, si te sientes atrapada o atrapado, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Estaremos encantados de recorrer nuevos caminos contigo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *