Flexibilidad cognitiva (I); o por qué cambiar de opinión

 

 

Flexibilidad cognitiva (I);

o por qué cambiar de opinión

 

 

Cambiar de opinión es algo bello y que demuestra una excelente habilidad personal en quien lo reconoce. Sin embargo no creo que muchos lectores estén de acuerdo con esta afirmación.

 

Claro que no nos referimos a actitudes de poco compromiso, a cambiarnos la chaqueta según nos convenga o a una falta de valores. Cuando afirmamos que cambiar de opinión es algo bello no nos referimos a nada de esto, sino a todo lo contrario. Cambiar de opinión es algo bello cuando demuestra valentía y humildad. Cambiar de opinión es algo bello cuando demuestra inteligencia y sabiduría.

 

Las opiniones se construyen muy fácilmente. ¿Quién no ha dado la razón a un amigo sobre asuntos que desconocemos? ¿Quién no ha votado a un partido político sin leerse su programa? Expresamos opiniones y llegamos a conclusiones de forma rápida, y eso no ayuda muchísimo a sentirnos parte de un grupo y a tomar decisiones útiles para nuestro día a día, sin tener que dudar de todo o todos.

 

Sin embargo cuando somos capaces de cambiar de opinión demostramos que entendemos que la verdad es algo relativo que tiene que ver más con el punto de vista que con el mundo real. Suena a relativismo y caos, pero no nos referimos a los valores, al bien y el mal. En todas las culturas humanas se reconocen las virtudes de la sabiduría, el bien común, la valentía, la transcendencia, la justicia y la templanza. No, no nos referimos a eso. Nos referimos a cuando nos enfrascamos en discusiones sobre cómo es el mundo o los demás, a cuando odiamos, nos enfadamos o gritamos. Cuántas relaciones de pareja se rompen por no saber cambiar de opinión. Cuánta prepotencia hay en creerse las propias opiniones como verdades absolutas. Quien no duda de sus propias creencias cree en parte ser capaz de alcanzar la verdad última, como lo haría un dios.

 

Aunque pueda sonar contradictorio, mantener una misma opinión pase lo que pase demuestra debilidad. Es debilidad por no ser capaz de tolerar la incertidumbre, por no ser capaz de aceptar que la vida nos pone en situaciones novedosas que no tienen por qué ser iguales a las cosas que ya hemos vivido. Pensar que la opinión que tenemos formada sobre algo puede explicarlo siempre por el simple hecho de haberlo experimentado durante unos días, meses, años… es un acto de inocencia tremenda. La existencia humana es un nanosegundo comparado con la existencia de la vida. Y la existencia de una persona en particular… casi no puede contarse como para afirmar que lo que opinemos de las cosas serán verdades infinitas. ¡Que tremenda osadía!

 

Mantener una misma opinión pase lo que pase demuestra intolerancia. Los extranjeros son…, las mujeres son…, lo africanos, indios, policías, curas, presidentes, empleados, jefes, niños, profesores, presos, funcionarios, pobres, ricos, delincuentes, médicos, loqueros, astronautas o extraterrestres son… Sobregeneralizaciones. Cada vez que expresamos una opinión sobre un grupo de personas cometemos graves errores, demostramos poca inteligencia y sabiduría y demostramos actitudes intolerantes si no aceptamos que podemos cambiar de opinión. Vuelve a ser tremendamente inocente pensar que todos los africanos son iguales, que todas las mujeres son iguales, que todas las personas son iguales… Es muy poco inteligente pensar que podemos alcanzar verdades absolutas sobre algo tan complejo como la vida de las personas.

 

Mantener una misma opinión pase lo que pase ahoga la creatividad y es peligroso. Los habitantes de la Isla de Pascua creían que para obtener comida para todos tenían que construir más tótems de piedra hasta que su isla no pudo sostener a todos sus habitantes. Eran demasiados y el clima cambió. Nada tenía que ver con los tótems. Si perdemos la creatividad por temor a cambiar de opinión podemos ahogarnos en un vaso de agua o pelear contra fantasmas. Es peligroso también para nuestra salud mental. Si no cambiamos de opinión sobre nosotros mismos, los demás o el mundo cuando nosotros mismos, los demás y el mundo cambian… compartiremos nuestra existencia con la rabia, la ansiedad o la depresión.

 

Así es que os proponemos cambiar de opinión. Pero por favor, no cambiemos de opinión en todo a la vez ni cambiemos de opinión de forma constante. El equilibrio sabio y ecuánime, saludable y útil, se encuentra en no tener miedo a cambiar de opinión si vemos que lo necesitamos. La idea es crear opiniones firmes que poder cambiar si encontramos motivos de peso para hacerlo. Te aconsejamos a que formes opiniones críticas y basadas todo lo posible en hechos, no en interpretaciones, pero siempre siendo consciente de que no serán nunca verdades absolutas. Serán siempre opiniones hasta que tu salud, la vida o tus seres queridos demuestren lo contrario. Haz de tu capacidad para cambiar de opinión en público y en privado, un acto de valentía y humildad.

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