La importancia de la autoestima (I)

Uno de los motivos por los que más personas acuden a nuestra consulta es debido a la baja autoestima o falta de confianza. Cuando vienen a terapia no piensan que ésta pueda ser la base de gran parte de su malestar, pero enseguida llegamos a la conclusión de que se trata de esta falta de aprecio hacia uno mismo lo que nos causa gran parte de nuestros por problemas.

Por eso hemos creado una serie de entradas relacionadas con la autoestima que nos pueden servir para aclarar algunos conceptos.

¿Qué es la autoestima?

Tener una baja autoestima nos va a afectar en diferentes áreas de nuestra vida: en el trabajo, con la pareja, con nuestro círculo de amistades, etc. No le damos importancia, pero tener una buena autoestima puede marcar la diferencia en nuestra vida y en nuestra felicidad.

Pero, ¿qué es exactamente la autoestima? Aunque existen diferentes definiciones y formas de entenderla, consiste básicamente en la valoración que cada uno hacemos de nosotros mismos. Y comienza a desarrollarse desde que somos pequeños. Por las diferentes experiencias que vivimos, lo que nos dicen las personas de nuestro alrededor, lo que aprendemos, etc. Y esta valoración la hacemos de diferentes ámbitos de nuestra persona: el aspecto físico, la personalidad, las cualidades, las destrezas, etc.

Por tanto, la autoestima depende del concepto que cada uno tenemos de nosotros mismos. Y por regla general no estamos acostumbrados a que ese concepto sea demasiado bueno. En terapia solemos hacer un ejercicio que habitualmente provoca la misma reacción. Pedimos a la persona que haga dos listados. Uno con sus cualidades negativas o aspectos de su persona que le gustaría mejorar. Y otra con sus atributos y cualidades positivas. La respuesta suele ser la misma “el primer listado es muy fácil de hacer, se me ocurren muchas cosas que poner. Pero para el segundo…no se me ocurre nada”. ¿Cómo es esto posible? ¿Es que sólo tenemos cosas negativas? Sin embargo, las mismas personas que dicen lo anterior, reconocen que tienen una pareja que les quiere, una familia que les aprecia, varios buenos amigos que harían cualquier cosa por ellos… así que algo bueno tienen que tener ¿no?

¿Por qué no nos valoramos?

Como comentábamos antes, una parte importante de nuestra autoestima viene determinada por las experiencias que vivimos. Pero también por lo que nos enseñan desde pequeños. A la mayoría nos han dicho que tenemos que ser humildes. Y eso lo confundimos con no darnos importancia, con no valorar las cosas que hacemos bien. Pensamos que valorarse es sinónimo de soberbia. Y además solemos añadir que las cosas hay que hacerlas bien y punto, y si no mejor no hacerlas. Por lo que cuando algo no se nos da bien caemos en una frustración importante. Y cuando lo hacemos bien no nos alegramos ni nos premiamos por ello. Y eso sin contar con el continuo malestar o nerviosismo por la posible valoración que los demás hagan de nosotros.

Es habitual también dejar en manos de los demás lo que valemos como personas. Sin darnos cuenta de que la principal persona que se tiene que valorar y querer somos nosotros mismos. Y de nuevo, solemos hacer precisamente lo contrario. Somos nuestros principales críticos y a veces nos convertimos en nuestros peores enemigos. Nos exigimos y nos decimos cosas que jamás se nos ocurriría decir a un ser querido… entonces ¿por qué somos tan duros con nosotros mismos?

¿Con qué se asocia la baja autoestima?

Como comentaba al principio, la falta de confianza en uno mismo suele estar asociada a muchos de los problemas por los que las personas acuden a nuestra consulta. Por ejemplo, detrás de una depresión o de la ansiedad puede estar la falta de autoestima. Porque creemos que todo lo malo que nos pasa es por nuestra culpa, porque tenemos algún defecto que nos impide estar a la altura. O dejamos escapar oportunidades por miedo a enfrentarnos a ellas porque anticipamos el fracaso.

Pero además puede generar otra serie de problemas, como por ejemplo caer en relaciones de dependencia. Tener una excesiva necesidad de aprobación por parte de los demás que dirige nuestras emociones y nuestro comportamiento. Aislamiento, sentimientos de inutilidad, abandono de uno mismo, etc.

Por eso es vital tener una autoestima sana para sacar el mayor partido a nuestro día a día y poder disfrutar de todo lo que nos rodea. Así como ser un seguro que nos facilitará enfrentarnos a las situaciones difíciles que se nos presenten.

En las próximas entradas hablaremos sobre cómo detectar si nuestra autoestima está en forma y qué mecanismos podemos poner en marcha para confiar más en nosotros mismos 🙂

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