LIMITA TUS RELACIONES TÓXICAS II – Conoce tus emociones en una relación tóxica

Getafe en Vivo Festival. Copyright Manuel Taboada

¿Qué emociones sientes cuando tienes una relación tóxica?

Hoy voy a intentar ayudaros a reconocer qué emociones son las que sentimos cuando estamos en una relación tóxica. En la entrada anterior comenté qué es eso de una relación tóxica y hablamos sobre las personas tóxicas, intentando conocer el por qué de sus acciones. Pero hoy hablaremos desde el otro punto de vista. ¿Por qué mantenemos relaciones tóxicas? ¿Por qué cuesta tanto deshacernos de ellas, limitarlas o no dejarnos influir tanto por ellas?

Conocer las emociones no siempre es tarea fácil. Como ya comenté en anteriores entradas, las emociones hablan un lenguaje diferente al de las palabras. También funcionan y se comportan de forma diferente a como lo hace el pensamiento. Su lenguaje es más corporal y su comportamiento es menos evidente, más líquido, como una salsa más o menos espesa que recorre nuestra mente y cuerpo. La emoción más evidente que sentimos cuando nos encontramos en una relación tóxica es la ira. Esta aparece cuando para nosotros es evidente que la toxicidad de otra persona nos está agrediendo de forma directa. Ante insultos, menosprecios, bromas pesadas o mentiras y engaños.

La pena y el asco en las relaciones tóxicas

Pero hay otras emociones menos evidentes que pueden estar señalando que nos encontramos ante una relación tóxica. Por ejemplo, si es la tristeza quien aparece ante determinada persona, puede ser que esa persona nos esté recordando con excesiva frecuencia que hemos perdido algo importante para nosotros. El asco puede ser otra emoción que nos cuesta reconocer. El asco es muy visceral y nos señala algo que de forma profunda nos parece dañino para nuestra salud, física o social. Suele aparecer ante valores, creencias u opiniones de otros que son contrarios a nuestros valores, creencias u opiniones más arraigadas. ¿Hay personas a tu alrededor cuyos comentarios te irritan con frecuencia? Es posible que sea el asco, entendida como una emoción social, quien está detrás de esa reacción.

Sin embargo, siento deciros que, aunque las emociones dan muy buena información cuando sabemos reconocerlas, no siempre es una información acertada. Las emociones pueden equivocarse y confundir las verdaderas necesidades, con los deseos. O estar enmascaradas porque, por ejemplo, nos resulte más fácil enfadarnos, que aceptar que estamos equivocados. Tal vez  enmascaran una manipulación, cuando sentimos pena y compasión. Por eso mi recomendación es, después de reconocer qué emociones están presentes, hacerte la siguiente pregunta:

¿Se están respetando mis derechos e intereses?

Para reconocer las genuinas emociones que sientes en tus relaciones personales, pregúntate: ¿el comportamiento de esa persona respeta mis derechos e intereses? Te pongo un ejemplo. Si alguien te pide un favor y tu dices que ahora no puedes, que lo lamentas mucho, que debe esperar para más adelante, si esa persona insiste, te suplica o te pide que no seas egoísta… esa persona no te está respetando.

¿Cuántas veces, y cómo, tienes que expresar “no” para que tu palabra sea tenida en cuenta? Si consideras que has dado suficientes explicaciones a tu negativa o que lo has expresado suficientes veces, pregúntate si se ha empezado a no respetar tus decisiones. Y recuerda que hay personas tóxicas que intentan manipularte de forma consciente pero que también hay quien intenta manipularte sin darse cuenta de que lo hace, a veces incluso pidiendo sinceramente tu ayuda sin darse cuenta de que, en realidad, no están respetando tus decisiones o intereses.

 ¿Por qué mantengo una relación tóxica sabiendo que es tóxica?

Son los esfuerzos que tenemos que llevar a cabo para deshacernos de ellas, lo que hace que prefiramos mantener una relación tóxica o que no sepamos cómo desembarazarnos de ella. A veces hay emociones enmascaradas que nos enfurecen, cuando en realidad están señalando que somos nosotros o nosotras mismas quienes no sabemos decir que no. A veces quien se está comportando tóxicamente sólo hace aquello a lo que nosotros mismos le hemos acostumbrado.

No sólo el esfuerzo y el riesgo de decir que no es lo que mantiene nuestras relaciones tóxicas. También nos encontramos con otro elemento paradójico. Hay quien piensa que ser buena persona consiste en no dañar o molestar a otras personas. Y esto, me temo, es un imposible. No está en nuestras manos no dañar nunca ni evitar molestar. Lo que sí está en nuestras manos es: intentarlo. Pero no podemos evitar dañar o molestar. No, al menos, sin dañaros a nosotros mismos.

Me explico. Cuando nos escuchamos diciendo, “esto me pasa siempre por ser buena persona”, seguramente estemos equivocados. Es posible que prefiramos pensar que somos buenas personas, en vez de reconocer que estamos ocultando nuestros intereses, deseos y necesidades a otros. Cuando no damos nuestra opinión o cuando no solicitamos un cambio de comportamiento que sabemos que nos daña, estamos, sin quererlo, confundiendo a la otra persona. Si no decimos lo que nos desagrada, ¿cómo lo puede saber? ¿Dándose cuenta él o ella por sí misma, como si pensara igual que nosotros? ¿Entendiendo las señales que le mando, aunque no se lo diga directamente? Eso no es justo para la otra persona, quien sí merece conocer nuestra opinión, sin pretender que la averigüe por arte de magia.

Nuestra tarea es, entonces, no confundir nuestras resistencias a expresar nuestros deseos, intereses y necesidades, con una mal entendida “buena voluntad”. Es responsabilidad de cada uno atender las necesidades de cada uno. Es necesario hacernos responsables de nuestro propio cuidado, siendo conscientes de que eso implica, a veces, pedir al otro que cambie o decir lo que no nos gusta.

¿Qué hay de bello en las emociones que siento en las relaciones tóxicas?

No puedo despedirme sin hablar del sentido que yo encuentro a todo esto. Os recuerdo que la belleza, para mi, es entendida como aquello que nos hace comprender el sentido vital de lo que percibimos. Por eso te propongo que construyas tu propio sentido a las emociones que sientes en las relaciones tóxicas. Si encuentras respuestas, encontrarás belleza. ¿Qué sentido quieres darle a experimentar asco, pena o ira en tus relaciones tóxicas? Para mi, la belleza se encuentra al reconocer que todas estas emociones están allí para enseñarte el camino adecuado hacia tu propio bienestar. A veces sólo es necesario escuchar con la mente abierta.

Entonces, ¿qué puedo hacer para poner límites a las personas tóxicas sin sentirme mal?

Espero que, con lo visto hasta ahora puedas empezar a conocer la respuesta. Hasta ahora, en el primer capítulo, empecé a señalar las emociones y motivaciones que llevan a las personas a comportarse de forma tóxica. Hoy he querido señalar las emociones que juegan un mayor papel en el reconocimiento de nuestras relaciones tóxicas, pero también en el mantenimiento de las mismas. En el próximo capítulo, por fin, os traeré trucos y consejos para crear relaciones saludables pero, sobre todo, para afrontar con salud y sabiduría toda relación tóxica.

Si tienes comentarios, críticas o dudas, por favor, escribe abajo, para mi es muy valioso. Trataré de responderte lo antes posible y, si escribes a tiempo, buscaré cómo ayudarte en la siguiente entrada.

Recibe un fuerte abrazo,

Manuel Taboada.

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